Que Israel iba a
participar en Eurovisión pese a las llamadas al boicot era inevitable, no en
vano una de las empresas que patrocinan el evento es israelí, y quien paga
manda.
Siempre se ha
dicho que los resultados están decididos de antemano y está altamente
politizado. Sirva de ejemplo el certamen del año 2022 en el que se impidió la
participación de Rusia por su agresión a Ucrania y casualmente Ucrania gano el
festival con una canción que después no ha puesto ninguna radio.
Siguiendo ese
criterio, sería de esperar que a Israel se le hubiera impedido participar este
año, no solo ha participado sino que por poco gana, cosa que decepciona más.
No entiendo como
se vota a favor de una canción con mensaje nacionalista en estos momentos que
esa nación esta llevando a cabo un genocidio del que, dentro de unos años nos
avergonzaremos públicamente y se dirá que: “no se entiende como se permitió”
porque lo que nunca se podrá decir es que no se sabía.
No solo se ha
votado sino que hay personas que alardean públicamente de haberlo hecho.
Tan solo Televisión
Española y la Televisión Pública de Bélgica se atrevieron a hacer una alusión a
Gaza, la española antes de empezar la retrasmisión y la belga antes de la
intervención de la representante israelí.
Estoy convencido
de que nuestra representante, Melody, hubiera quedado en mejor posición, pero
en represalia por el letrero emitido, se le negaron los puntos que en otras circunstancias
se habría llevado.
Eurovisión, un
gran espectáculo cargado de mediocridad.
